La Liga
El Sevilla FC disfruta de los mejores años de su historia en el ámbito deportivo. Sin embargo, la continuidad de su proyecto se ha tambaleado desde el final de la pasada temporada. Su director deportivo, Monchi, quiso dejar el club por motivos personales, pero reconsideró su postura poco después y se aferró al Sevilla. Su decisión inicial, comprensible desde el punto de vista personal, no obedecía al interés de otros equipos, a diferencia de los casos de Unai Emery y Jorge Sampaoli.
El entrenador vasco se marchó del Sevilla de una forma distante, carente de sentimiento. Tan fría como la cláusula de rescisión recogida en su contrato con el club que ejecutó para firmar por el París Saint-Germain. El proyecto deportivo y económico del PSG resulta tentador para casi todos los entrenadores del mundo, pero el Sevilla y su afición merecían un adiós más transparente y sincero.
Sampaoli buscaba desesperadamente un club europeo tras terminar su ciclo en la selección chilena. Su ronda de negociaciones por Europa (Lazio, Fenerbahce, Espanyol, Granada) fue narrada en la prensa como una novela de suspense ilustrada con fotografías. Finalmente, la oferta del Sevilla, un equipo ganador durante la última década, convenció al técnico argentino.
Sin embargo, Sampaoli sólo ha tardado unas semanas en querer dejar el club ante la llamada de la selección albiceleste. Así lo ha confesado su abogado Fernando Baredes en declaraciones recogidas por numerosos medios internacionales. Siempre queda el recurso de cargar dicha responsabilidad sobre la prensa, a pesar de la rotundidad de las palabras de Baredes.
El simple hecho de que Sampaoli se haya planteado su salida del Sevilla es impropio de un profesional serio en su trabajo. Unas semanas después de haber firmado un contrato, ningún otro club o selección debe hacer dudar a un entrenador, y mucho menos hacer que desee desvincularse de su nuevo proyecto.
En la relación Sevilla – Sampaoli es el club andaluz el que más arriesga, concediendo el mando de un proyecto ganador a un entrenador inexperto en el fútbol europeo. Ahora, la inestabilidad de Sampaoli crea más dudas sobre la idoneidad de su contratación.
El Sevilla merece a un entrenador que vea al equipo como un fin, no como un trampolín del que se puede saltar en el momento más inesperado sin mirar hacia atrás.
