Las crónicas del fracaso de Celades se escribieron nada más anunciarse su fichaje, pero por el momento permanecen enterradas a la espera de un batacazo que está tardando en llegar más de lo previsto.
Parece pronto para lanzar las campanas al vuelo, pero este Valencia está recuperando identidad pese a los elementos en contra y algo tendrá que ver su nuevo técnico en este resurgir. La papeleta de sustituir a Marcelino y adentrarse en un ambiente hostil no parecía fácil, pero la soga cada vez aprieta menos y el equipo sale a flote ilusionando de nuevo a Mestalla.
Celades no lo ha tenido fácil, teniendo que sacudirse la etiqueta de enchufado y lidiando con el desconcierto de jugadores y afición, que pasaron de celebrar una copa del Rey a ver cómo se desmoronaba un proyecto ganador, que contra todo pronóstico sigue ganando.
Celades ha sabido aprovechar los buenos conceptos adquiridos por el equipo, herencia de Marcelino, sabiendo rectificar a tiempo al renunciar a un trivote en el medio campo que nunca funcionó. Parejo vuelve a ser el eje, Maxi Gómez ha logrado acoplarse y Ferrán ha derribado la puerta para ser el nuevo ídolo del valencianismo. La defensa va recuperando fiabilidad y el equipo sigue siendo peligroso a la contra y con espacios, a pesar de que jugadores determinantes como Guedes o Rodrigo están lejos de las cifras esperadas.
El Valencia de Celades es un equipo todavía en búsqueda de la plenitud, pero que ha sabido afrontar situaciones negativas, recuperándose de marcadores adversos contra el Espanyol, el Lille o el Sevilla. Un equipo unido y comprometido, en el que peones relegados al ostracismo como Vallejo o Sobrino han aportado su granito de arena cuando se ha echado mano de ellos.
El nombre de Marcelino cada vez se escucha menos y el de Celades cada vez se escucha más. Los que no quisieron darle un voto de confianza, quizá deban dárselo ahora, aunque si las cosas se tuercen, las crónicas de su fracaso ya están escritas.