La Liga
El Liverpool ha acabado con los sueños del Barcelona. El conjunto azulgrana parecía navegar viento en popa hacía su sexta Champions League tras el 3-0 de la ida, pero chocó contra un gran iceberg. Las bajas de Firmino y Salah parecían lapidar a un Liverpool que necesitaba emular la remontada de Roma. Objetivo conseguido. Dobletes de Origi y Wijnaldum para apear de la Champions League al Barcelona de Leo Messi. Un año más, la Ciudad Condal verá desde el televisor la final de la soñada orejona. Se pueden desgranar tres claves para resumir el fracaso del Barcelona en esta edición de la Champions League.
Renuncia al sistema ofensivo
Desde los tiempos de Guardiola, el Barcelona ha practicado un fútbol de posición basado en la rotura de líneas defensivas con rápidas combinaciones. Bien por dentro, mediante conexiones entre Messi e Iniesta o bien por fuera gracias al protagonismo de los laterales. El Barcelona mantenía un planteamiento claro: un centro del campo constructor y organizado que manejaba los hilos y la pelota hasta encontrar el hueco. Gracias a ello, el club azulgrana consiguió levantar gran cantidad de títulos.
Sin embargo, todo desapareció en la era Valverde. El técnico extremeño, más resultadista que amante del buen juego, supeditó toda la creación ofensiva a la inspiración de Leo Messi. En sus dos temporadas, se ha visto un juego ofensivo desordenado, sin ideas y con un único plan de acción. La combinación entre Messi y Jordi Alba y el posterior centro del lateral era el principal argumento ofensivo de un equipo que aspiraba a todo. No siempre ha funcionado y, a lo largo de las dos temporadas, se ha visto en múltiples ocasiones un juego espeso y sin ideas.
Defender, defender y seguir defendiendo
Arturo Vidal se impuso a Arthur en el tramo final de la temporada. El chileno es un jugador muy experimentado que conoce la competición europea. Valverde decidió plantear el partido de una manera poco conocida en Can Barça. Entregó la batuta del partido a un Liverpool incansable. Presionó, ahogó la salida de balón del Barcelona y tuvo mala suerte. Solo Ter Stegen y el palo pudieron evitar los goles de los de Klopp. El alemán le ganó la partida a Valverde en lo táctico. El extremeño, en cambio, repitió planteamiento en la vuelta. Y, de nuevo, Klopp hizo con el Barcelona lo que quiso.
En Roma, doble lateral y planteamiento defensivo para defender el 4-1 conseguido. Los de Valverde eran superiores colectivamente, pero el planteamiento era otro. Aguantar 90 minutos de pura ilusión y adrenalina rival. Si Roma fue un calvario, Anfield no iba a ser menos. 4-4-2, sin presión y renunciando a la posible única vía de escape que tenía el Barcelona para llegar a la final del Metropolitano. Si el Barcelona tiene la pelota, el Liverpool tiene que correr tras ella.
Sin plan B y sin vida fuera de casa
Ante las adversidades, Messi siempre ha sido el encargado de aparecer para resolver la contienda a favor. Se ha visto en varios tramos de la temporada. Quizá, el ejemplo más claro es la propia ida ante el Liverpool o el empate que sacó de La Cerámica ante el Villarreal. Cuando las cosas se tuercen, el Barcelona no tiene un plan alternativo al que recurrir. Siempre lo mismo y los equipos acaban conociendo a los rivales.
