La Liga
Pablo Machín dejó de ser el pasado viernes el entrenador del Sevilla FC. Una decisión inesperada, aunque hasta cierto punto comprensible. Por mucho que podamos discutir si la entidad andaluza se precipitó o no echando al técnico soriano, la dinámica del equipo era realmente mala y la eliminación ante el Slavia fue un palo tan duro que podía esperarse cualquier cosa del club. ¿Seguiría en el cargo de no haber entrado el último gol de los checos? Seguramente sí, pero el caso es que entró. Decisión que, por otro lado, no puede ni debe ocultar las carencias que tenía y tiene la actual plantilla, tal y como expusimos en su momento.
El caso es que la situación actual debe hacer reflexionar al Sevilla. Como decía, podemos valorar si Pepe Castro se ha equivocado echando a Machín o si debería haber tenido más paciencia con él, pero la realidad es que la decisión tomada refleja algo que es indiscutible: Nervión ha tenido seis entrenadores en los últimos dos años. Sampaoli, Berizzo, Montella, Caparrós, Machín y ahora, de nuevo, Caparrós. ¿Normal? Para nada, y menos en un gran club como el andaluz. Falta paciencia, tomar mejores decisiones y, quizás, planificar mejor. Aunque digo quizás porque, desde la distancia, soy incapaz de criticar algo que no domino lo suficiente.
