El Barcelona de Quique Setién, crónica de una muerte anunciada

Lo que ha pasado ya se veía venir desde febrero, cuando el técnico apenas llevaba unas semanas en el equipo

Charly Rodríguez | 17 Jul 2020 | 12.53
twitter tiktok instagram instagram Comentarios
Preferir Fichajes.net en Google
El Barcelona de Quique Setién, crónica de una muerte anunciada. Foto: AP
El Barcelona de Quique Setién, crónica de una muerte anunciada. Foto: AP

Enero de 2020. El equipo no iba bien pero al menos, el ambiente dentro del vestuario del FC Barcelona no era malo. Viajaron a la Supercopa de España con ilusión de lograr un título y aunque se perdió ante el Atlético de Madrid, el equipo jugó su mejor partido de la temporada. Es entonces cuando llegó la bomba. El presidente, Josep María Bartomeu y el director deportivo, Eric Abidal, empezaron los contactos para traer a un nuevo entrenador, sentenciando a Ernesto Valverde sin consultarlo con nadie. Ahí empezó el circo.

A los pesos pesados del equipo no gustaron las maneras. Por la que se montó, preguntando a uno y otro si quería ser entrenador del Barça, y por la forma de darle puerta a Valverde, al que no le dieron la oportunidad de terminar la temporada. No lo hicieron cuando Roma o Liverpool, nadie entendió que le despidieran en ese momento, siendo líderes en Liga y habiendo pasado a octavos en la Champions. Terminó viniendo Quique Setién, que no era ni la primera ni la segunda opción, tras recibir varios 'No' por parte de técnicos como Xavi o Koeman. Su llegada no fue demasiado bien recibida.

No porque los jugadores no le dieran la oportunidad, sino por las formas que se fueron viendo conforme pasaba el tiempo. Al principio, Quique y Sarabia llegaron con ilusiones renovadas y promesas de jugar bien, recuperando el espíritu de temporadas pasadas. Tras varias semanas de nulo progreso, la motivación del equipo cayó y los líos extradeportivos cargaron el ambiente dentro del vestuario.

Messi y el núcleo gordo del vestuario (Suárez, Piqué, Busquets, Alba...) dejaron de creer en Setién. Varias declaraciones del argentino iban por ese camino y la derrota ante el Madrid, prevista, puso la puntilla a las esperanzas culés para esta temporada. Incluso hubo una discusión importante tras la debacle del Bernabéu por las palabras y las formas de Sarabia. La ruptura entre Setién y los jugadores se hizo efectiva a partir de ahí.

El confinamiento tampoco ayudó. Eso distanció aún más ambas partes. En el regreso, se esperaba que ocurriera algo así. Mientras los madridistas remaban todos a una, haciendo llamadas de grupo y aceptando bajarse el sueldo sin problemas, en el Barcelona cada uno iba por libre y había discusiones con el tema del salario. El juego del equipo seguía estancado y Setién no dejaba de hacer cambios de dibujo y pruebas a cada partido. Nada ayudaba. Solo había que ver lo que sucedía en las pausas por hidratación, donde la tensión se cortaba con un cuchillo.

Lo sucedido era una muerte anunciada. Todos sabían lo que iba a pasar. Y pasó. La rajada de Leo Messi anoche, poniendo completamente en evidencia al club, en primer lugar, por lo que hizo el pasado mes de enero, y a Setién después, asegurando que ya avisó él que con ese juego y esa motivación no iban a ganar nada, deja en claro el malestar que hay dentro del club. La situación es delicada.

En menos de un mes deben recibir al Nápoles y prácticamente nadie cree que puedan hacer algo en la competición ya que aunque se pase a cuartos, ahí podría esperar el Bayern de Munich, que ha sido de los que mejor ha vuelto tras la cuarentena. Si el Barça ha sido incapaz de romper las defensas de Celta, Espanyol, Osasuna o Granada, imaginen a las de los mejores equipos de Europa.

Los culés piden soluciones. A Bartomeu le sigue quedando mandato hasta 2021 y el club está patas arriba. Apenas se prevé una limpia de muchos jugadores y hasta 2021 no parece que llegaría un nuevo proyecto por parte de un nuevo presidente y otro entrenador. Lo que sí parece claro es que Setién tiene los días contados y el crédito agotado. Ni se gana ni se juega bien. Su relación con los futbolistas está rota y el barco se sigue yendo a pique cada vez más rápido. Quién sabe lo que habría pasado con Valverde. Con el técnico extremeño se jugaba regular, sí, pero al menos ganaban Ligas y la motivación no se negociaba.