La Liga
Andrés Iniesta lleva semanas siendo noticia en Barcelona. El capitán del Barça, -y uno de los mejores jugadores de la historia del club azulgrana-, termina contrato el 30 de junio de 2018 y todavía no ha renovado, a pesar de la insistencia de la entidad. El propio jugador ya ha dicho que no ampliará su vinculación si no se siente importante, a la vez que medita si aceptar o no la propuesta de la Juventus de Turín.
Y la verdad, el FC Barcelona cometería un error histórico de no terminar renovando al centrocampista manchego. Si éste no entiende su rol de futuro, -que es inevitable-, ya es otro tema, pero el club catalán no puede ni debe echar a perder a uno de los futbolistas más trascendentes del conjunto culé.
Porque Iniesta es el fútbol. Así de simple, así de claro. Pese a no haber vivido la mejor de sus temporadas, el futbolista de Fuentealbilla ha continuado regalando tardes y noches de ese fútbol que, en las últimas campañas, se venía echando en falta en el Camp Nou.
Control, tiempo, precisión, desborde y visión de juego. ¿Castigado por las lesiones? Sí, y también perjudicado por el modelo de juego de Luis Enrique, pero nadie puede decir que Iniesta haya perdido ese ADN que tan especial le ha hecho a lo largo de su vida y que, si Ernesto Valverde logra recuperar, volverá a hacer del manchego un jugador único en el mundo.
