La Liga
Hay una realidad en el Fútbol Club Barcelona que tiene nombre y apellido: Pedri González. El futbolista que llegó este pasado verano procedente de la UD Las Palmas a Can Barça se destapó muy pronto como uno de los mayores talentos jóvenes del equipo, ganándose un puesto en el once titular de Ronald Koeman y demostrando que su techo de crecimiento no cuenta con límites que no pueda superar su talento.
El mejor socio posible de Leo Messi y Sergio Busquets jugando por dentro, un futbolista determinante entre líneas gracias a su capacidad para recibir, girarse, romper líneas de presión rivales, buscar el mejor pase o la asociación indicada, etc. Pero todo lo bueno que es Pedri a sus 18 años, podría serlo aún más si mejorase en su juego ese hándicap que tanto peligro le resta: el disparo a portería contraria.
Un miedo escénico
Pedri no lanza a portería ni en situaciones francas en las que las tendría todas consigo para hacer un gol. Siempre busca un recorte más, un pase más, que sean otros compañeros los que finalicen las acciones de peligro que también nacen de sus botas.
No sabemos si Pedri tiene buen disparo desde lejos o no, ni tampoco de media distancia, porque directamente no lo ha probado con asiduidad para poder evaluarlo. Y eso, en el fútbol moderno y en la élite absoluta como es el FC Barcelona, es un elemento que resta demasiado a su peligrosidad de cara a la portería contraria.
Una de las principales funciones de un centrocampista ofensivo es precisamente esa, la del disparo a portería contraria. Y Pedri todavía es una esponja táctica y técnica, debe aprender y dejar atrás esa inseguridad para convertirse en el mediapunta del futuro en todos los aspectos y sentidos.
