La Liga
No sé si seré capaz de ser objetivo hablando de Fernando Torres. Futbolísticamente siempre me ha parecido un delantero excelso, a la vez que muy completo, inteligente y difícil de defender; además, como icono colchonero creo que es un nombre con una trascendencia e influencia al alcance de muy pocos. ¿Merece renovar pese a cumplir 34 años en breves? En mi opinión sí, pero ¿por qué?
Torres ha entendido, comprendido y aceptado a la perfección el rol que le corresponde en el actual Atlético de Madrid. Un papel más bien secundario, de ser protagonista en citas puntuales y de ser un revulsivo en otros tantos partidos. Y lo ha entendido, porque sabe que hay delanteros más jóvenes y a día de hoy más en forma que él, que ya no está para ser aquel atacante determinante y referente.
Aunque no por ello ‘El Niño’ ha perdido la chispa que tenía antaño. Algo menos rápido con espacios grandes y no tan desequilibrante en pocos metros cuadrados, Torres sigue siendo aquel ariete insistente que tiraba desmarques sin parar, percibiendo e intentando atacar siempre desajustes en la línea defensiva rival.
¿Y cómo olvidar la influencia anímica y emocional? Más allá de ser un jugador que despierta a la grada, el delantero de Fuenlabrada es historia viva del conjunto colchonero y quién mejor que él para protagonizar el cambio de estadio. Y es que el Atlético le necesita, dentro y fuera del campo.
