Las marchas de Godín y Lucas dejaban la zaga rojiblanca sin dos de sus pilares, pero con ello se abría la posibilidad de que se establecieran nuevos líderes y por jerarquía el gran indicado para ello era José María Giménez.
Sin embargo, su año ha sido para olvidar y Felipe le ha ganado la partida como gran mariscal de la defensa rojiblanca, siendo una de las revelaciones de la liga y un auténtico descubrimiento para muchos.
Giménez empezó de titular junto a Savic, pero el rendimiento no acabó de ser constante. El Atlético no era el equipo 100% fiable de otros años y concedía más a los rivales. Luego vinieron las lesiones de la pareja titular, teniendo que coger el relevo Hermoso y Felipe, que pese a no mejorar los números sí mejoraron las sensaciones. El problema con Giménez volvía a ser la inconsistencia física, que le impide jugar con regularidad.
Cuando parecía que estaba listo para volver, llegó la temida recaída, que reiniciaba el proceso justo cuando se iba a disputar la Supercopa. Incluso Savic volvió antes y se hizo con un puesto para la decisiva eliminatoria contra el Liverpool. En las últimas jornadas, Giménez entró en algunas convocatorias pero nunca en la dinámica de un equipo que parece incluso que se ha acostumbrado a jugar sin él.
Un jugador con un gran potencial, seguro al corte, impetuoso en el juego aéreo y con liderazgo, pero que si no consigue minimizar las lesiones, puede acabar por ver limitado su techo. De momento, la temporada que debía ser la de su consagración está siendo para olvidar. El Atlético debería plantearse si es el central de futuro que debe liderar la zaga colchonera como hiciera su compatriota Godín.