UEFA Champions League
Lo vivido en la noche de ayer en Anfield fue algo mágico. En especial, para toda la siempre fiel infantería rojiblanca, pero en general, para todo aficionado al fútbol. Pese a las críticas recibidas por Diego Pablo Simeone por su estilo de juego (nada nuevo), el técnico argentino consiguió su objetivo, el de la victoria que a fin de cuentas es el único que importa. Y lo hizo gracias a varios factores, algunos trabajados, otros espontáneos, y otros que parecen ser inherentes al sentir tan especial de este club.
En definitiva, la victoria de ayer del Atleti en Liverpool se puede resumir a partir de 3 factores: maximizar los errores del rival, una defensa férrea y sin fisuras, y un tremendo apego a la supervivencia más extremo. Parece mentira pero, la prórroga que ayer firman los colchoneros, responde más a algo interno que a elementos puramente futbolístico, de pizarra.
La pelota para Jürgen Klopp, la defensa del resultado para Simeone, pero cuando todo se complicó de sobremanera con el segundo tanto de Roberto Firmino este equipo sacó la garra que siempre le ha caracterizado y que le ha llevado a dos finales de la máxima competición internacional de clubes.
Pelear en el fango, en el barro, en los bajos fondos. Ahí es donde el equipo rojiblanco se siente más cómodo y donde marca las diferencias. Aunque la lectura del encuentro se pueda hacer en claves como Alisson, Oblak, Adrián, Felipe o Marcos Llorente, la realidad es que las diferencias siempre se igualan entre equipos supuestamente mejores, y eso tiene mucho mérito.
