La Liga
El Fútbol Club Barcelona llevaba años pidiendo a gritos desde el terreno de juego un cambio de juego, y lo tiene delante de sí. Dentro de la inamovible filosofía del toque combinativo y el juego propositivo, las variantes en el fútbol de élite acaban siendo determinantes, y es ahí donde Quique Setién introdujo unos detalles bastante interesantes que requieren de nuestro sesudo análisis y pertinente detenimiento.
La idea de juego del Fútbol Club Barcelona siempre había recaído en una formación básica: ya sea el 4-4-2 con cuatro centrocampistas en rombo o el 4-3-3 con el trivote clásico que secunda al tridente ofensivo. Sin embargo, y sin salir de estos esquemas primordialmente empleados en ‘Can Barça, Setién se ha encargado de modificar una pieza, de obtener más ventajas a través de un leve retoque.
Esta pequeña modificación consiste en la movilización de los delanteros para colocarlos más juntos. En lugar de atacar con hombres pegados a las bandas que en ocasiones se pierden y dejan de generar situaciones ventajosas, los delanteros de los costados se adentran más hacia al área, se pegan al nueve, y liberan los carriles para las subidas de los profundos y ofensivos laterales.
Así, Setién obtiene constantes desbordes peligrosos y centros rasos por parte de Jordi Alba, Júnior Firpo, Nelson Semedo o Sergi Roberto mientras que acumula jugadores por dentro, teniendo a Leo Messi bien rodeado de compañeros entre los que combinar y avanzar hacia portería rival.
Ante el RCD Mallorca, esta modificación táctico-posicional acabó desmantelando la ya de por sí frágil defensa de los baleares, y podría convertirse en la nota general de los ataques culés durante lo que resta de temporada. Más peligro, más profundidad, más argumentos ofensivos, más oportunidades de gol, más victorias y más éxitos para una parroquia blaugrana que los necesita en este 2020.
