UEFA Champions League
Matías Almeyda, estandarte del deteriorado River, se descontracturó un poco después del victorioso debut de Ángel Cappa. De todas formas, al Pelado le quedan cuatro partidos y aún duda si renovar. Quedate un tiempo más...
Lo recibieron con cara rara a Matías Almeyda cuando regresó a River luego de haber estado alejado del fútbol profesional. Nadie cuestionó su pasado en el club argentino (incuestionable), aunque dudaron si estaría para jugar en un grande de Argentina. Para sorpresa de muchos, el cinco del River campeón de la Libertadores en 1996 demostró partido a partido que su sentimiento por la institución le permite ir a cada pelota como si fuera la última.
Además de sus buenas actuaciones en el escabroso presente de River, el Pelado fue un gran soporte para los chavales que jugaban sus primeros partidos en Primera y sufrían la presión del entorno. Hasta se llegó a hablar, antes de que asuma Leonardo Astrada, de una posible mezcla entre jugador y entrenador. Pero Almeyda, quien conserva una gran amistad con quien fue recientemente destituido del equipo millonario, prefirió seguir haciendo su trabajo en el terreno de juego.
Le quedan cuatro partidos (lo que queda de campeonato en Argentina) y aún no renovó su contrato. Tiene 36 años y un desgaste físico y emocional que se potenció en los últimas derrotas de River, aunque se lo ve fuerte y con más futuro en el balompié. De todas formas, por más de que Cappa y los directivos anhelen la renovación de Almeyda, la decisión saldrá del jugador, quien deberá disputarse entre sus proyectos y el sueño de irse de River ganando un campeonato. ¿Los extremos se juntan, no?
