Muchos se extrañaron cuando hace unos meses Robert Moreno incluyó en la lista de seleccionados a Adama Traoré. Fue una forma de ponerle en el mapa, y desde entonces el jugador de los Wolves no ha pasado desapercibido, dando anoche un último recital y convirtiéndose en el verdugo de Guardiola, al que conocía de su paso por la Masía.
El partido de ayer ante el City puede considerarse la gran presentación de Adama Traoré ante el mundo del fútbol. Hasta ahora se sabía que era un jugador con potencial y desequilibrio, que había evolucionado físicamente de una manera impactante, pero desde ahora se le tendrá en cuenta como un aspirante a crack y como una de las revelaciones de la Premier, piropeado por el mismísimo Jurgen Klopp.
Con la Eurocopa en el Horizonte, Adama se abre paso como una opción viable que Luis Enrique debería valorar. A buen seguro que ha subido puestos tras el partido de ayer, que acaparó los focos aprovechando que el resto de ligas están de parón. Cuando peor estaba su equipo, Traoré anotó el gol que recortaba distancias y cedió el empate a su compañero Raúl Jiménez tras robarle la cartera a Mendy.
Con 23 años, se convierte en una gran promesa codiciada por grandes equipos y cuyo valor se multiplica pese a seguir siendo un posible chollo cuyo máximo potencial está por descubrir. Esta temporada ha marcado cuatro goles y repartido cuatro asistencias, ofreciendo un rendimiento muy regular en un equipo que ha dado un salto cualitativo gracias a él.