La Liga
Florentino Pérez se ha alejado del modelo deportivo ‘galáctico’ que hasta ahora le había caracterizado como presidente del Real Madrid. La nueva postura de Pérez plantea una duda: ¿Se debe a su madurez como dirigente o al resultadismo tras el éxito del equipo en la pasada Liga de Campeones?
En cualquier caso, la realidad a 17 de agosto es que el Real Madrid no ha incorporado a un jugador ‘estrella’ a cambio de una cifra astronómica de millones. En el camino ha quedado la posibilidad de fichar a futbolistas de impacto mediático con un alto coste económico e innecesarios deportivamente, o al menos, cuya contratación apenas mejoraría lo presente.
La mayoría de ellos jugarán esta temporada en la Premier League. Dentro de la extensa lista de nombres que ha manejado el club blanco durante los últimos meses, Paul Pogba, Eden Hazard y David de Gea han pasado de ser objetivos iniciales a convertirse en descartes.
Las exigencias económicas de la Juventus y de Pogba convertían su posible fichaje en un disparate, y el Manchester United, en su intento de recuperar la gloria perdida, cayó en la tentación.
Hazard, estancado en el Chelsea más gris de los últimos años, tampoco garantizaba una mejora cualitativa de la plantilla del Real Madrid, con exceso de jugadores de similares características.
De Gea tiene un presente brillante y un futuro envidiable. Era la espina clavada de Florentino Pérez, pero el rendimiento de Keylor Navas y la opinión de Zinedine Zidane, que avalaba al costarricense, frenaron otro cambio traumático en la portería blanca.
El recomprado Álvaro Morata supone la única inversión del Real Madrid en este mercado de verano. A él se suma la ilusionante incorporación de Marco Asensio, que regresa tras su cesión al Espanyol.
Florentino Pérez ha huido de la tentación de añadir piezas superfluas a su plantilla, una decisión tan acertada como su mejor fichaje. Y ha invertido en dosis de paciencia, incluso con jugadores que han retrocedido de forma preocupante en el último año. Con la llegada de Zidane se apagaron los ecos de una revolución en el Real Madrid. El tiempo dirá si la nueva postura de Florentino es pasajera y obedece al resultadismo o esconde una reflexión más profunda.
