Griezmann sonríe en el FC Barcelona cuando se le pide marcar

El atacante francés ha sufrido muchas críticas por ser exigido en algo que él no sabe hacer: influir en el juego del equipo

Griezmann sonríe en el FC Barcelona cuando se le pide marcar "Foto: SER" Griezmann sonríe en el FC Barcelona cuando se le pide marcar "Foto: SER"

Una de las operaciones que también se han criticado recientemente en el entorno del Fútbol Club Barcelona ha sido la del fichaje de Antoine Griezmann. En su primera temporada como culé y en lo que va de esta segunda, el ariete galo ha recibido numerosas críticas por su rendimiento sobre el terreno de juego, pero la realidad es que todas esas voces que apelaban a una mayor implicación del jugador no le han visto jugar en toda su carrera.

Antoine Griezmann nunca ha sido un futbolista de remarcada influencia en el juego de su equipo. Quizás algo más en la Real Sociedad, pero ya desde su fichaje por el Atlético de Madrid se convirtió en un delantero cuyo 90% de aportación al equipo se reducía en una sola cosa: acierto de cara a la portería rival.

Un finalizador nato

Antoine Griezmann no sabe recibir en tres cuartos de cancha y ofrecer un último pase o un cambio de juego que desahogue el juego de su equipo. No es un centrocampista ofensivo con influencia en el juego, es un segundo delantero con un olfato goleador temible y una facilidad para ver puerta que asusta.

Sabes que, si Griezmann tiene media ocasión de gol, probablemente ya vas ganando. Y que si tiene otra media, igual ya aparece un 2 en tu marcador. Un futbolista de momentos estelares y fulgurantes, de aparecer, marcar y desparecer. Al que se le puede criticar si está fallón de cara a puerta y no convierte sus ocasiones, pero al que no se le debería reprochar nada en la creación de juego y en el movimiento de balón.

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