La Liga
Hay jugadores a los que basta con verlos jugar un par o tres de minutos para saber si son buenos o malos futbolistas, y si tienen potencial para ser todavía mejores. Carles Aleñá es de los primeros. Dejando a un lado los colores, los escudos y las banderas, la realidad es que el joven canterano del FC Barcelona tiene todos los mimbres para convertirse en un jugador de talla mundial. Que lo consiga o no ya es cuestión del paso del tiempo y de su evolución.
Aleñá es uno de esos eruditos del juego de posición, de esa filosofía que tan especial ha hecho al Barça en los últimos tiempos. El canterano culé, -pese a tener sólo 19 años y estar conviviendo estos días con los Messi, Neymar, Suárez y compañía-, no se ha escondido ni un solo minuto de los que ha estado encima del verde. Se ha ofrecido permanentemente, ha intentado regalar siempre buenas líneas de pase a sus compañeros, ha superado presiones rivales con gestos técnicos que recuerdan a Iniesta y no ha cesado en su intento de probar y de intentar cosas que los demás obviarían por miedo a fallar. Exagerándolo un poco, podríamos decir que durante el poco tiempo que ha jugado con el primer equipo del Barcelona ha demostrado más que otros por los que se pagaron 30, 40 o 50 millones.
Sin embargo, no por ello se debe correr con el precoz centrocampista de Mataró, pues Aleñá es un diamante en bruto al que hace falta pulir durante tiempo. No sé si está preparado o no, pero lo que sé del cierto es que necesita jugar con regularidad, equivocarse y crecer, algo que sólo logrará en el filial culé. Que suba al primer equipo cuando Valverde lo demande, claro está, pero que acumule minutos en Segunda. Sólo así veremos en el futuro al joven canterano que todo el mundo augura.
